Columna:“Una mancha de tinta impregnada en nuestra historia”

Un día como el de hoy, pero de 1973, se daría inicio a la masacre de las libertades de nuestro pueblo.
El 27 de junio de 1973 sería llevado a cabo en nuestro país el golpe de estado, iniciando así una dictadura cívico- militar. El entonces presidente Juan Maria Bordaberry con el apoyo de las fuerzas armadas, se convertiría en dictador, disolviendo las cámaras del poder legislativo.
En el marco de una campaña electoral y en tiempos de aguas revueltas para el ejército, es importante recordar qué significó ese período oscuro en la historia de nuestro país.
La dictadura significó una puñalada, que desgarró la democracia desde la profundidad de sus entrañas.
Con la caída de la democracia, también cayeron las libertades y los derechos de nuestro pueblo.
Hoy, en cada paso que da nuestra democracia para hacerse más fuerte, repican los nombres de aquellos que cometieron un único delito, el de haber pensado diferente.
Muchos que se auto reconocen como valientes y honestos, no han tenido el coraje para reconocer el daño que han causado a nuestra sociedad; Aunque de algo estoy seguro, su martirio los acompañará por el resto de sus miserables vidas, porque la conciencia, sedienta de verdad y justicia, los interpelará por siempre.
Inclusos, algunos con aires de nostalgia, llenos de hipocresía, hoy son candidatos a presidente de nuestra república. Es acá donde pienso a veces que nuestra democracia no está totalmente construida.
Díganme sino, cómo es posible que alguien que cuestiona un poder de nuestro estado, y que es destituido por ello, no sueña con aires dictatoriales.
Pero… mientras la dictadura significó el recorte de derechos para la inmensa mayoría de compatriotas, para unos pocos significó una era de privilegios, lo cual explica muchas cosas.
Para la clase trabajadora uruguaya, la dictadura constituyó un período de baja sustancial en los salarios reales y en su poder de compra, sin embargo los capitales consolidaron un crecimiento importante en la historia de nuestro país. Un crecimiento que fue de concentración y no de redistribución, lo que afectó negativamente la calidad de vida de los trabajadores.
Este período constituyó uno de los puntos de inflexión que canalizaron la fragmentación social que vive hoy nuestro país.
Las políticas económicas que se llevaron a cabo, evidenciando estos resultados no hubiesen sido posibles en un ambiente democrático, los trabajadores organizados y los partidos de izquierda, no lo hubiesen permitido.
Además de favorecer políticas neoliberales, a través de represión, hubo quienes se favorecieron de privilegios directos. Los militares son un claro ejemplo.
Jubilaciones exorbitantes, mayores a sus sueldos mientras eran activos, aguinaldos en sus jubilaciones, jubilaciones anticipadas. Hoy son los mismos que hablan de costo del estado, cuando su régimen jubilatorio nos cuesta a todos los uruguayos 550 millones de dólares.
Aún quedan algunos cristales de ese tétrico período enquistados en el Uruguay del siglo 21.
Por todo esto nos sentimos interpelados como sociedad para seguir construyendo y profundizando la democracia.
Nunca más terrorismo de estado, nunca más dictadura.

Salvador Sosa.

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