Los militares chilenos están abusando de su propio pueblo:

INDH de Chile señala desnudamientos, torturas y abusos sexuales por parte de militares.

Las Fuerzas Armadas no deben utilizarse nunca contra su propio pueblo, porque el resultado siempre, es el que se está viviendo ahora en Chile.

El Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) de Chile denunció este domingo que varias de las personas detenidas durante los enfrentamientos que se dieron en varias localidades del país trasandino, sufrieron malos tratos, torturas y vejaciones sexuales.

En un comunicado, la INDH señala que está llevando adelante un “trabajo ininterrumpido” para “resguardar los derechos de las personas en el contexto de las jornadas de protestas”. “Hemos estado en terreno reuniendo información relevante sobre el estado de las personas heridas y detenidas, y las vulneraciones de que han sido víctimas”, señaló el director Sergio Micco.

En los hospitales Félix Bulnes, San Juan de Dios, Clínica Dávila y San Borja, el instituto registró lesiones graves en al menos 22 personas.

Un hombre recibió un disparo percutado por Fuerzas Especiales, a cinco metros de distancia y se encuentra en estado grave. Asimismo, el INDH identificó a un niño que tiene alojadas balas en su hígado, riñón, y en sus piernas; a una niña herida con un balín en la pierna, y a un cuarto hombre que recibió una lacrimógena en su rostro.

El INDH estuvo en manifestaciones en Santiago, Maipú, Iquique, Antofagasta, Coquimbo, Valparaíso, Talca, Concepción, Valdivia, Temuco, Puerto Montt y Punta Arenas, donde se constató el actuar policial y se abordaron buses para constatar el estado de las personas detenidas.

Muchas de esas personas acusan uso desmedido de la fuerza al momento de la detención, vejaciones injustas a niños/as, malos tratos, golpes en rostros y muslos, torturas, desnudamientos a mujeres y vejaciones sexuales, entre otras vulneraciones.

El descontento de parte de la sociedad es por el sistema de pensiones chileno, administrado por empresas privadas, el coste de la salud, el deficiente sistema público de educación y los bajos sueldos en relación con el coste de la vida, emergió con las protestas por el precio del metro.

El hartazgo llega al punto de que la deriva violenta de este fenómeno encuentra justificación en algunos ciudadanos, pese a que no participen en los actos vandálicos.

“Si no hay destrucción nadie nos escucha”, dijo una persona de la Rancagua a una televisión chilena, en las puertas de un concesionario de vehículos quemado.

“La gente está cansada de tantos abusos, solo queremos una marcha pacífica, queremos tener jubilaciones dignas y una educación buena para nuestros hijos y eso no se está diciendo”, dijo una mujer de la misma localidad al mismo medio.

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