Brasil, al filo de su democracia


Columna de lector sobre los sucesos más resonante de Brasil en los últimos años y el daño que le han causado a la política y el Estado de Derecho en ese país.

Brasil en los últimos años experimenta cambios políticos muy bruscos que comenzaron a dañar la soberanía y honor de la clase política que tanto los identificaba. Está etapa de crisis comenzó en Marzo de 2014 cuando la Policía Federal Brasileña inicia una operación que fue bautizada como Lava Jato. La Operación se hizo pública el 17 de marzo de 2014, con el cumplimiento de más de una centena de citaciones en busca de prisión temporal, preventivas y conducción coercitiva, teniendo como objetivo investigar un esquema o trama de lavado de dinero sospechoso de mover más de 10.000 millones BRL (aproximadamente 2.640 millones USD).

Es considerado por la Policía Federal como la mayor investigación de corrupción de la historia de América Latina y el Mundo. Esto determinó reabrir 28 casos a 47 políticos sospechosos de estar involucrados con Petrobras. En la lista se encuentran congresistas, senadores y diputados, supuestamente envueltos en la recepción o entrega de sobornos de la
estatal petrolera, además de dos operadoras del esquema como lo son las constructoras Oderbrecht y OAS. Los políticos más resonantes en Brasil que están procesados son Eduardo Cunha, Fernando Collor de Mello y Fernando Calheiros. Se descubrió también que la trama había logrado incidir en todos los países de América latina, salpicando de corrupción a políticos y personalidades de todos los países donde la constructora Oderbrecht soborno a cambio de facilidades de contratos.

Los hechos más resonantes comenzaron cuando La derecha evangelista comandada por Eduardo Cunha el ex presidente de la Cámara de Diputados, inició un juicio político (impeachment) en 2015 que terminó destituyendo a Dilma Rousseff de la presidencia por la causa de violación a la ley presupuestaria y a la ley de probidad administrativa por parte de la
presidenta. Inmediatamente que Dilma fue destituida, asumió el cargo su vicepresidente Michel Temer.

Desde ese momento comenzaba a avisorar un desorden político que terminó hundiendo la confianza por parte de los brasileros a la clase política. Menos de dos semanas después de que Rousseff perdiera la presidencia, Cunha el impulsor del impeachment había perdido por una amplia mayoría, su condición de diputado. Y lo más importante: además del
cargo, Cunha perdió también el aforamiento que le protegía del activo juez Sérgio Moro, el conocido jurista que conduce la investigación del caso Petrobras y la mega causa de corrupción llamada Lava Jato.

Finalmente el 19 de octubre de 2016, la justicia ordena su detención por la trama de Petrobras y el 31 de marzo del 2017 es condenado a 15 años de prisión por recibir 1,5 millones de dólares en sobornos por un contrato de Petrobras.


La crisis se agravaba día tras día en el país norteño y el 12 de julio de 2017,el ex presidente Lula da Silva fue condenado en primera instancia a 12 años y seis meses de prisión por el juez Sérgio Moro, donde lo consideró como beneficiario de un apartamento de lujo ofrecido por una constructora a cambio de facilidades para obtener contratos con Petrobras (apartamento al que hasta el momento no existen pruebas sobre la titularidad de Lula Da Silva), siendo la primera vez en la historia de Brasil que un expresidente era condenado por corrupción pasiva.

Luego de este suceso la justicia le impide competir en las elecciones nacionales y se desvanecen las posibilidades de enfrentar por la presidencia al candidato ultra derechista Jair Bolsonaro. Esto generó que el Domingo 28 de octubre de 2019 Jair Bolsonaro fuera electo presidente con el 55,13% de los votos en segunda vuelta, frente al candidato del PT Fernando Haddad que logró alcanzar el 44.87%. Bolsonaro asumió el cargo de presidente el 1 de enero de 2019. Lo sorprendente en el inicio de la presidencia de Bolsonaro, fue la decisión de nombrar como Ministro de Justicia al reconocido juez Sérgio Moro, el mismo que condenó a Lula Da Silva y allanó el camino para la presidencia de Bolsonaro. Brasil comenzaba a dar un cambio radical en la vida política y social de sus pobladores, comenzando a aparecer una derecha rancia, xenófoba y extrema que tomaba los silos y riendas de la economía y geopolítica del país.


A tan solo 3 meses del mandato de Bolsonaro, más precisamente el miércoles 21 de marzo de 2019 era detenido el ex presidente Michel Temer en las cercanías de su residencia en San Paulo. El juez acusa a Temer de encabezar “una organización criminal” acusada de desviar unos 1.800 millones de reales (450 millones de euros) destinados a la construcción de la central nuclear Angra 3 en Río de Janeiro. Finalmente tras pasar 4 noches en prisión, Temer se vio favorecido por la inesperada decisión unilateral del juez de segunda instancia Antonio Ivan Athié, quien alegó que la prisión preventiva decretada el pasado jueves contra el exmandatario se basó en “suposiciones de hechos antiguos, en lo que muchos juristas y fiscales consideraron la decisión como deshonrosa.

El 9 de mayo del mismo año, la justicia nuevamente libera una orden de captura hacia Temer a lo que el expresidente de Brasil se entrega en la Superintendencia de la Policía Federal en São Paulo, luego de que una juez le concedió la posibilidad de presentarse de forma espontánea hasta esa tarde. Pero Temer de buena suerte con la Justicia, fue liberado el 14 de mayo donde le conceden la prisión domiciliaria sin posibilidad de mudar de domicilio, salir del país y retención de su pasaporte, además de que se le retienen sus bienes y activos.


Nuevamente la atención política se centra cuando en la tarde del 8 de noviembre de 2019 la justicia decide liberar a Lula: el expresidente de Brasil sale en libertad tras pasar 19 meses preso por un supuesto caso de corrupción. La libertad de Lula fue posible tras la resolución que emitió la Corte Suprema de Brasil estableciendo que, como dice la Constitución, un condenado solo puede ir a prisión una vez haya agotado todos sus recursos. En el momento de su salida Lula declaró: “Quisieron encarcelar una Idea y las ideas no se encierran”.


Desde ese momento, Bolsonaro gobierna Brasil imponiendo una perspectiva de miedo y terror frente a los brasileños e incentiva a los ciudadanos a romper cualquier valor democrático.
Luego de un año de mandato, el mundo se ve en alerta frente a una pandemia originada en China y que rápidamente se propagó hacia todos los continente. El coronavirus desafía a Bolsonaro y pone a prueba su presidencia y decisiones para afrontarla, esto genera que sea de los pocos mandatarios del planeta que se manifiesta en contra del confinamiento y consigue grandes discrepancias con su ministro de Salud Henrique Mendetta a la que este termina destituido y convirtiéndose en el primer expulsado del gabinete del presidente.

Luego de una semana transcurrida desde la destitución de Mendetta, nuevamente Bolsonaro es desafiado por unos de sus miembros del gabinete y termina siendo nada más y nada menos que el consentido ministro super estrella de Justicia Sérgio Moro, generando una guerra interna entre el ministro y el presidente que termina en graves acusaciones y renuncia de Moro a su cargo.


El motivo es que Bolsonaro decidió remover al jefe de la Policía Federal Mauricio Valeixo de Brasil y está decisión molestó y mucho a Moro ya que estaba llevando a cabo una reforma judicial modificando el código penal. Moro presentó su renuncia este 24 de abril donde planteó acusaciones graves, que podrán configurar en el futuro serios delitos, como obstrucción de la justicia, corrupción pasiva y negociación incompatible con la administración pública. Dijo que con el cambio de la jefatura el presidente busca “obtener informes de inteligencia sigilosos”, al colocar a un hombre de su confianza.


En conclusión, Brasil atraviesa unas de sus peores etapas de la vida política que aún no se prevé fin. Estos acontecimientos seguirán por un largo tiempo y tras varias decisiones tomadas por parte del actual presidente Bolsonaro, podría desencadenar en un posible juicio político y destitución de su mandato para poder ser condenado por las causas planteadas por su ex ministro de justicia Sergio Moro. “No es una razón que justifique el cambio. Estaría habiendo una clara interferencia política que genera un daño de la credibilidad del gobierno y del compromiso con la ley”. Estas palabras de Moro puede generar el comienzo del fin de Bolsonaro y todo su movimiento neo fascista.

Enzo Valdez

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