Feminismo: una revolución que asusta

Escribe: Candela Cantero

En el boca a boca social y cultural corre una falsa definición de feminismo, la cual afirma que las mujeres buscamos la sumisión del sexo masculino, nuestro predominio de poder, somos violentas y agresivas. Al grito de “muerte al macho”, vamos por ahí rompiendo cosas, rayando muros, violentando la propiedad privada, mientras culpamos a cada varón
de ser un violador. Sin pudor vamos mostrando nuestros senos y pecando de toda forma posible.

La ignorancia y la falta de empatía van deformando y tergiversando una lucha añeja pero eficaz, que busca erradicar la violencia vivida por la gran mayoría de nosotras durante toda la historia de la sociedad mundial.

Hay quienes igualan al feminismo con el machismo, como si ambas cosas fueran lo mismo.
La RAE define al machismo como una actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres. El feminismo es una lucha social, cuyo objetivo es lograr la equidad de un género que se ha visto oprimido incluso en la actualidad.

Si nos remontamos a épocas donde la mujer era objeto de propiedad y no persona propietaria de derechos, tenemos claro que nos vimos sometidas a cumplir un papel en la satisfacción y comodidad de los hombres: limpiando lo que ensuciaban, lavando sus ropas, manteniendo a los niños en silencio, y siendo buenas amantes dispuestas a entregarnos cuando y como ellos desearan.
En aquellos tiempos, no éramos consideradas aptas para guiar nuestra vida de la manera que eligiéramos. No podíamos opinar, votar, salir sin permiso, casarnos con quien y cuando lo deseáramos, usar pantalones, andar en bicicleta, ir a un bar, tomar alcohol, fumar, elegir donde y con quien vivir, protestar, decir que no, tener relaciones fuera del matrimonio, estudiar, trabajar, entre otras cosas.

Es lúgubre pensar que muchas de estas cosas se lograron desnaturalizar luego de que ya varías iguales tuvieran que vivir esa esclavización durante toda su vida, pero aún más lúgubre saber que muchas aún siguen siendo oprimidas.

El despotismo del género masculino sobre el femenino aún sigue presente en todos los ámbitos.
Tenemos mujeres en la política, en la educación, en la salud, en los medios de comunicación, incluso en los deportes y en las disciplinas más exigentes que pudiéramos pensar; aún así cada día nos despertamos con la misma noticia: “Un crimen pasional”.

Este último titular se ha empleado desde el momento más prehistórico de los medios de prensa y sigue vigente en una gran parte de ellos. Disfraza la realidad de una problemática cada día más horrenda.

Mujeres asesinadas a manos de hombres que simplemente no aceptan que la mujer es libre. Mujeres explotadas sexualmente bajo la romantización de la prostitución. Mujeres abusadas ante la habituación de la violación. Y un sin fin de enigmas a los que nos vemos expuestas por el simple hecho de ser mujeres.

Y quizá dirán, “pero los hombres también sufrimos violencia de género”.

Según un artículo publicado en el diario “El País” (formato digital) del día 29 de noviembre del 2018, un 76% de las víctimas de violencia doméstica en Uruguay fueron mujeres.
Entre enero y octubre de ese mismo año se cometieron 46 feminicidios, donde un 41,46% de las mujeres fueron asesinadas a manos de su pareja o ex pareja, y un 17, 4% fue asesinada por un familiar.
La violencia más denunciada además, con un porcentaje del 52%, fue la violencia psicológica, la cual puede llegar a ser una de las más silenciosas, debido a la falta de educación sobre la detección de este tipo de maltratos.

No hace falta indagar mucho para llegar a un por qué del acallamiento de las víctimas durante tanto tiempo luego de haber sufrido algún tipo de agresión contra su integridad, ya que se pone en duda constantemente la veracidad o no de los hechos. Además claro está, de la suavidad de las penas para con los acometedores.

He aquí la razón de la ira que es motor de la lucha feminista.

Aparentemente es más sagrado que una pared esté limpia. A la sociedad le molesta que se escriban nombres en muros que simplemente se pueden volver a pintar, pero esos nombres son los nombres de las que ya no están. La muerte no tiene arreglo, no es algo reversible y eso nos duele. Tampoco es fácil recuperar la psiquis de las niñas violadas (la gran mayoría bajo su mismo techo o bajo la tutela de un familiar). Es realmente desalentador saber que si mañana me toca a mi, mi agresor va a estar tan solo 3 años en la cárcel (basándonos en que las últimas penas que se han dictaminado en nuestro país tienen como máximo aproximadamente esta duración). Y es además tétrico tener que esperar que nos pase algo para que al menos esos 3 años recaigan sobre el responsable, por que ya lo vivimos con la joven riverense de tan solo 14 años de edad que denunció por acoso y el denunciante gozo de plena libertad, tanta que la mató.

Les ofende ver senos al aire en las protestas, pero poco importa cuando los senos se muestran para el consumismo masculino, como en los programas con bailarinas semi desnudas de los sábados, las películas pornográficas, y las mujeres a las que les chiflan en la calle (la mayoría de las veces sin su consentimiento).

Hace mucho tiempo, que una mujer alzara su voz para decir lo que deseaba para si misma era una utopía. Hoy es una realidad que gozamos las mujeres modernas. Pero aún nos falta mucho por conquistar.
En pleno siglo XXI, donde vimos a la primera femenina votar en América Latina un 3 de julio de 1927 en la localidad de Cerro Chato- Tacuarembó, no puede seguir sucediendo que cada día nos despertemos con la misma noticia.

No es justo para ninguna, salir a la calle sin saber si puede ser ella quien no regresa a la noche.
La violencia machista no mira el largo de la pollera, o si iba sobria o ebria, si iba sola o acompañada. No mira religión, ni estatus social, ni color de piel, ni orientación sexual, ni ideología política, ni edad.
El machismo arrebata vidas de inocentes, nos quita cuerpos y almas, nos somete y nos omite.
No es justo para mi ni para el resto de las mujeres, seguir faltando mientras nuestras familias se entregan por completo a nuestra búsqueda.

De eso trata el feminismo. Necesitamos, no solo como mujer sino también como sociedad, que esto deje de ocurrir.
Se trata de que las desventajas por nacer mujer desaparezcan. Se trata de que además de ser remuneradas en nuestros trabajos de la misma manera que un varón, se nos respete nuestros espacios y cuerpos como se lo respeta a un varón.
Se trata de que no existan mas niñas violadas ni explotadas.
El feminismo es liberación. El feminismo es revolución.

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