Artsaj es una realidad histórica que Azerbaiján, Turquía e Israel se empeñan en destruir bajo la amenaza de un nuevo genocidio

Escribe: Garabed Arakelian – 16/octubre de 2020

La operación militar iniciada el pasado 28 de setiembre contra  la población  armenia de Artsaj por parte de las fuerzas coaligadas de Azerbaiján, Turkía e Israel, fracasó en su intento primero. La acción bélica desarrollada con las características de las famosas “blitzkrieg”,que utilizó inicialmente la Alemania nazi, no logró su propósito dada la oposición que encontró.

Pero no quiere decir que hayan cejado en su intento. Por el contrario, han consolidado su estrategia de “punto final” potenciando el fuego de artillería pesada, principalmente con  bombardeos sobre población civil y hospitales utilizando proyectiles de racimo y otros de gran poder destructivo. 

Desde esa fecha el territorio de la  República de Artsaj -11.500 km cuadrados de superficie y 150 mil habitantes- está siendo sometida, sistemáticamente, a la agresión emprendida por los tres países señalados, con la finalidad expresa de aniquilar a su población, de modo que no queden vestigios que puedan convertirse en escollos futuros, ya que Azerbaiján reivindica la posesión de esas tierras y con este argumento califica y le atribuye intenciones “separatistas” a la parte armenia.

Separatismo e integridad territorial

Los medios internacionales conforman casi de inmediato el vocabulario usual en todo tema. Y eso no suele ser ingenuo. En el caso de Artsaj comenzaron desde el inicio de la escalada bélica a denominarla como  la provincia, o el enclave, “separatista” agregando a la información conceptos de “integridad territorial” que, supuestamente sería lo que estaría defendiendo Azerbaiján.

Se deduce de esto la falsedad de  presentar a Azerbaiján como víctima de una agresión. Sin embargo no hay fotos verdaderas, ni testimonios, de ataques sobre territorio azerí, en cambio los hay mostrando que quienes han sufrido las consecuencias devastadoras del ataque han sido los armenios.

Por estas razones, no puede calificarse como separatista a Artsaj cuando ella está sobre su tierra y lucha por permanecer en ella. Y además, son las repúblicas de Artsaj y de Armenia las que sufren el embate que desconoce su integridad territorial.

En casi todos los conflictos existen las “razones verdaderas” que las motivan aunque generalmente ellas suelen estar ocultas y quedar disimuladas ante la presencia de otros factores que son importantes y muy llamativos. Los hay de carácter étnico, cultural o religioso. Y pueden agregarse además los políticos, estratégicos y los económicos. En este rubro la pregunta inmediata es: ¿no será por el petróleo?

Pero lo llamativo es que en Artzaj no hay petróleo, aunque pasan muy cerca de ese territorio importantes ductos de petróleo y gas que, de haber aceptado un tendido que les brindara menor recorrido  y seguridad para llegar a sus mercados de destino deberían haber pasado por Artzaj e incluso Armenia. Pero la incidencia de Turquía y Azerbaiján logró el desvío aun a costa de extender cientos de kilómetros el tendido de los mismos.  Sin embargo aún esa cercanía, que no es tal,  llena de temor el espíritu de turcos y azeríes que sobre esa base han elaborado un relato acerca de la indefensión de los ductos si Artzaj queda en manos armenias.

Lo expuesto es lo que se aprecia a primera vista, pero están los factores importantes, los otros, que realmente pesan y que,  generalmente no aparecen en una primera vista.

En verdad Azerbaiján es una creación que prosperó en 1918  envuelta en la polvareda levantada por el desplome del Imperio Otomano, el Imperio Ruso y la derrota alemana al final de la Primera Guerra Mundial. 

En esa etapa tuvo lugar el Genocidio cometido por Turquía en perjuicio de los armenios habitantes del imperio, que, precedido por terribles matanzas desde 1890 culminó en 1915 y continuó solapadamente hasta 1923. La aparición en escena de la Unión Soviética, adjudicó a Turquía y Alemania condiciones de impunidad en la que medida que sirvieran para detener el  desarrollo de la Unión Soviética. Alemanes e ingleses estaba interesados en que sus empresas petroleras pudieran trabajar en la detección y explotación de nuevos pozos de petróleo y Turquía que quería salvarse de la condena del genocidio  era un socio ideal. Y su hermano menor, Azerbaiján,  tomado en adopción también servía para esos propósitos.

Y así  en 1918 se constituyeron los estados de  Armenia y Georgia que tenían antecedentes históricos de presencia y permanencia en el lugar y junto a ellos se creó un país inexistente hasta ese entonces que tomó un nombre prestado y se pobló con  gente de etnias  diversas pero mayoritariamente tártara. Eso es el Azerbaiján que dice ser poseedor de derechos históricos sobre aquellos territorios  que en realidad son armenios desde los más lejanos tiempos.

Para un observador atento de la geografía  debe llamar la atención la ubicación del reconocido Nagorno-Garapagh. Pero el asombro cede cuando se explica que la actual situación de ese lugar es consecuencia de medias políticas y administrativas, que tomó la recién creada Unión Soviética separando una franja de territorio armenio, limítrofe con Turquía, que es el Najicheván de tiempos bíblicos y poniéndola bajo administración azerí. Hoy su población está aniquilada, y los restos de construcciones que revelan la presencia armenia, incluyendo cementerios, han sido y son removidos para eliminarlos.

La otra creación arbitraria fue la del mencionado Nagorno-Garapagh que existía con mayoría de población armenia y que el poder soviético aisló creando un “enclave” separándola físicamente de Armenia y puso bajo administración azerí.

Desde la época soviética, hasta su caída y el presente, esa región ha sostenido su identidad y su pertenencia a ese suelo, ha regado con sangre al precio de innúmeras vidas el querer ser lo que es su destino y construido realidades jurídicas que avalan su singularidad. Entre otras a asumido su nombre histórico, Artsaj y construido en una treintena de años una república democrática y republicana a la luz de todo el mundo.  

Hoy, para impedir un nuevo genocidio armenio se hace necesario implantar la paz exigir el retiro de los agresores y reconocer a la republica libre e independiente de Artsaj, darle reconocimiento y estatuto internacional tal como lo es.

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